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EL CASTILLO DE IRÁS Y NO VOLVERÁS.

¡Hola, amiguitos! Yo me llamo Daniel y os voy a contar el cuento de “El castillo de irás y no volverás”.

Había una vez un pescador muy pobre. Un día recogiendo las redes del mar encontró un extraño pez con escamas de plata y oro.
El pez le dijo al pescador:
- ¡No me comas! ¡Devuélveme al agua! ¡Te lo suplico!
- Pero mi familia necesita comer.
- Entonces busca el Castillo de irás y no volverás.

A la mañana siguiente el hijo del pescador partió para encontrar fortuna. Tras mucho caminar encontró a una pulga, una paloma y un león que se disputaban una liebre. El león le saludó u le dijo:
- ¡Buenos días, humano! Tú puedes ser el juez de nuestra disputa. ¿Nos ayudarás a repartir la presa?

Y a continuación la pulga le contó como había apresado la liebre. La paloma le dijo que ella había encontrado la liebre la primera. Y el león dijo que por ser el rey de la selva merecía la presa. El hijo de pescador cortó un mechón de pelo a la liebre y le dijo a la pulga:
- ¿Para qué necesitas toda la liebre, pulga? A ti, paloma, te daré las orejas y la cola. Y el resto será para el león.

Los tres quedaron muy contentos y le dieron varios regalos en agradecimiento. Y le dijo el león:
- Toma este pelo de mi melena. Cuando quieras convertirte en león tómalo y pronuncia “¡válgame el cielo, león!” y volverás a tu forma humana diciendo “¡válgame el cielo, hombre ”.

La paloma le entregó una pluma de su ala:
- Podrás convertirte en paloma si pronuncias “válgame el cielo, paloma”.

La pulga le dijo:
- Yo no tengo pelos ni plumas pero te convertirás en pulga si dices “válgame el cielo, pulga”.

Y así continuó su camino el hijo del pescador. Al cabo de siete días vio a lo lejos el castillo. En su puerta tres feroces perros le cortaban el paso. Entonces se acordó de las palabras mágicas y dijo:
- ¡Válgame el cielo, pulga!

Y tranformándose en pulga saltó por encima de ellos. Ya en el interior del castillo escuchó los lamentos de una doncella:
- ¡Huye rápido! Pues este castillo pertenece a un ogro que duerme veintiun días y está despierto durante siete. En este tiempo le gusta comer doncellas como yo. La única forma de vencerle es golpearle el entrecejo con el huevo de la serpiente que vive en el Monte Oscuro.

Nuestro héroe gritó:
- ¡Válgame el cielo, paloma!

Salió volando por la ventana y se dirigió al Monte Oscuro. Luego gritó el pescador:
- ¡Válgame el cielo, león!

Y transformándose en león acabo con la serpiente de un enorma bocado “Rrrrrr” y volvió a decir:
- ¡Válgame el cielo, hombre!

Y convertido de nuevo en humano abrió el vientre de la serpiente, donde encontró el huevo que acabaría con el ogro.
- ¡Válgame el cielo, paloma!

Echó a volar hacia el castillo, y una vez aquí, aprovechando que el ogro estaba dormido, le tiró el huevo al entrecejo, rompiendo la maldición que pesaba sobre el castillo.
El extraño pez, verdadero señor del castillo de “Irás y no volverás”, recuperó su forma humana y recompensó con creces al hijo del pescador, pues le nombró heredero del trono del reino. Éste pidió la mano de la doncella y celebraron la boda con una fiesta a la que no faltaron la pulga, la paloma ni el león.



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