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EL ÁNGEL DE LOS NIÑOS.

¡Hola, amiguitos! Yo me llamo Daniel y os voy a contar el cuento de “EL ÁNGEL DE LOS NIÑOS”.
Escuchad:

Todos nosotros en algún momento nos hemos imaginado como es el cielo. Pero no el cielo que vemos pero el cielo que está más allá. Lleno de ágeles celestiales, espiritus guardianes y almas llenas de bondad. Pues si os parece bien, os voy a contar una dulce y maravillosa historia que tiene que ver con ese cielo. Cuenta una leyenda muy antigua que a un angelito de ojos claros mofletudo y regordete que estaba en el cielo le tocó su turno de nacer como un niño y le dijoun día a Dios:
- Me han dicho que me vas a enviar mañana a tierra. Me gustaría hacerte una pregunta. ¿Cómo voy a vivir tan pequeño e indefenso como soy?
- Entre muchos ángeles he escogido uno para ti que te está esperando y que te cuidará.
- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír y me divierto mucho. Eso basta para ser feliz.
- Tu ángel te cantará y te sonreirá todos los días y tu sentirás su amor y serás feliz. Te aseguro que el te impartirá una alegría permanente.

El angelito siguió preguntando:
- ¿Y cómo voy a entender lo que la gente me dice o me comenta si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres y las mujeres de la tierra?

Dios le hablaba consolándole:

- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha pacienca y cariño te enseñara a hablar. No te preocupes. Con el paso del tiempo aprenderás todo lo que necesites para vivir feliz.
- ¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?
- Tu ángel te juntará las manitas todos los días, tу enseñará a rezar y podrás hablarme. Me contarás muchas cosas. ¡Ya lo verás!
- He oído que en la tierra hay hombres malos que raptan a los niños. ¿Quién me defenderá?

La inquietud se reflejaba en el rostro del pequeño querubín.

- Tu ángel no dejará de vigilarte en ningún momento. Te defenderá más aún a costa de su propia vida.
- Seguro que estaré siempre triste porque no te veré más, Dios.
- Tu ángel te hablará siempre de mi y te enseñara el camino para que regreses a mi presencia. Ese camino recorre una senda preciosa y maravillosa inundada por la luz más brillante que puedas imaginar. Además yo siempre estaré a tu lado. ¡No lo olvides nunca!

En ese mismo instante una gran paz reinaba en el cielo pero ya se empezaban a oír las primeras voces celvestres.
El niño presuroso y con mucha ansiedad repetía con lágrimas en sus ojitos azules sollozando:
- Dios mio por favor, te lo suplico si ya me tengo que ir dime su nombre, ¿cómo se llama mi ángel? ¡Dímelo!
- ¡No te preocupes por eso, ángel mio! De verdad. Su nombre no importa. Tu siempre le dirás “mamá”.

Y aquí termina esta preciosa leyenda.



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